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Partido |
Un cubano en
Francia |
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El
deber de no olvidar
Agosto 2004. Hace ya algunos años en una conversación con un señor que hacía las veces de cónsul del Estado cubano en París éste me dio el consejo de que me olvidara de Cuba, " tu vida ya está en Europa " - me decía el adelantado en tono de confidencia suprema - y en ese preciso momento di por terminada la conversación para no verme en el lance del agravio. Fidel y banda habrán hecho un error de cálculo porque a pesar de los decenios de ostracismo, los cubanos que andamos por el mundo no nos olvidamos de nuestra tierra. Efectivamente, la banda no contó con ese parámetro cuyo efecto a largo plazo quizá ayude en la necesaria neutralización del impacto de la " incomparable-obra- revolucionaria " sobre el pueblo cubano. Después que pasen el velorio y el estruendo y cuando otra vez el país se ponga en marcha, quizá las experiencias individuales de los cubanos del destierro logren modestamente aportar algo, aunque sólo sea para ayudar al olvido indispensable de la gran pesadilla vivida por la nación cubana desde 1952. ( confirmo :1952) Perfectamente recuerdo que la segunda vez que volví a Berlín después que derrumbamos el muro en 1989 - al Berlín que era de ellos y que ya no -, en plena calle pregunté a varios jóvenes si se acordaban del difunto Erich Honecker; las respuestas de éstos fueron rotundamente negativas y, de más esté decir que, aquella noche dormí tranquilo y con un asomo de esperanza. Los que nunca han tenido que sufrir la expoliación y la tiranía no podrán comprender que los cubanos estemos al linde de la obsesión compulsiva cuando de Cuba se trata. Se nos ve diciendo y haciendo de Miami a Carignan y de Santiago de Chile a Estocolmo porque en realidad vamos presos de un deber y remedio no hay….
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