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La manipulación etimológica Junio 5/2003 En apariencia es como si en los círculos del poder en Cuba y también en buena parte de la población cubana toda palabra tuviese que andar acomodada, adornada y subordinada a la necesidad de imponer o de sobrevivir. Los del régimen engañan o creen engañar mientras que muchos cubanos de a pie sobreviven o creen sobrevivir por obra y gracia de un discurso programado para que sirva de código de circulación en un sistema donde ni las hojas de los árboles se mueven sin el permiso del pontífice local. Hará unos días, un periodista del diario camagüeyano "Adelante" le respondía, ofendido, a un amigo de Baltimore que "ellos, - allá en Camagüey- estaban enzarzados en la construcción del socialismo "sin que nosotros hayamos logrado saber de qué socialismo se trataba pues lo único que podemos constatar es que el país se hunde cada día un poco más en una descarada realidad dicótoma de ricos y pobres o de cubanos empadronados por los del cetro mientras que otros van a merced de las cosas que ocurren en esa "potencia médica mundial". Cómo hablar de socialismo cuando el proyecto social y político de Nerón y Banda es incapaz de propiciar a los simples ciudadanos el mínimo indispensable para que no tengan que buscar ( muchas veces sin lograrlo) fuera de Cuba una coherencia entre lo que piensan y lo que dicen. En Cuba hay, por un lado, una alteración del significado del discurso para engañar con el único objetivo de mantenerse en el poder a toda costa "aunque haya que fusilar a Maminga" y, por el otro, la necesidad para muchos cubanos de dejarse engañar para sobrevivir en medio de la penuria y del encierro ideológico. Tal es el caso de miles de oficiales y miembros de las instituciones armadas del país o de miles de miembros del P.C.C que por razones familiares o personales aceptan el juego de la manipulación etimológica sin atreverse a dar el paso de entrar en coherencia lo que, en Cuba quiere decir : entrar abiertamente en resistencia. Una resistencia de facto cuyas consecuencias pueden ser graves en el seno del patético statu quo de guerra civil permanente y solapada que Fidel Castro mantiene con tal de morirse en su cama. La regla es pues la parábola y el mensaje oblicuo porque al cabo de casi medio siglo de temores y de hostilidad, muchas personas pierden progresivamente la capacidad de oponer un punto de vista divergente por lo que limitan sus opiniones a lo esencial y de tal modo que, muchas veces, se habla de "revolución" en lugar de "involución", de "socialismo " en lugar de "caudillismo", de "P.C.C" en lugar de "secta al servicio de una banda" y de "obreros" en lugar de "siervos de un régimen feudal". Justamente, para el régimen, la peligrosidad de los cubanos nace a partir del momento en que éstos deciden no aceptar más la manipulación etimológica como parte de la expresión estética (de fachada) del terror estatal. Quitémonos el sombrero entonces ante esos cubanos que estando en Cuba, le dicen a Nerón que no seguirán diciendo " amén " y que en lo adelante, cada palabra se atendrá a su etimología inicial y no al desparpajo florido que se le da al idioma por necesidad de la obra dictatorial que desde hace decenios un pequeño grupo de personas impone a la mayoría de los cubanos. Esta gracia de la manipulación etimológica es en realidad un elemento importante del dispositivo de opresión instalado en Cuba, muchas veces, gracias al esfuerzo militante de hombres que desde hace rato tomaron el camino de un exilio prudente al conocer, como conocen ellos, la distancia que hay entre la palabra pensada y la pronunciada.
Luis Tornés Aguililla |
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