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Hoy cumplo 22 años
Hoy, 13 de febrero del 2004, cumplo 22 años de exilio ininterrumpido y permita el amable lector que, primero, yo recuerde aquí a los cubanos que han muerto en este destierro cruel sin haber vuelto a nuestra tierra, que los recuerde a ellos tanto como a los que llevan casi medio siglo fuera de Cuba con la única esperanza de que algún día nuestro país pase del obscurantismo político a un contexto democrático en el respeto de las libertades fundamentales. ¿Qué es el sufrimiento de estos dos decenios míos fuera de Cuba comparado a lo que soportaron y aún soportan los cubanos que más arriba menciono? Mi sufrimiento es un rasguño. Miro hacia atrás y veo ese Muro de Berlín derrumbándose ante los ojos del mundo y recuerdo la esperanza que nos invadía entonces, me fui a Berlín, pasé "victorioso" (victoria mínima) por debajo de la puerta de Brandenburgo. Quise improvisar unas palabras ante los peatones alemanes y mi familia me lo impidió, me bajaron del murillo en el que me había encaramado. ¡Ah, la Puerta de Brandenburgo!, ya en el 85 la había visto de lejos, desde el lado infame de la ciudad, la vi y le juré que la vendría a ver otra vez cuando ella fuera libre y cumplí. En el 89 cumplí. 22 años intentado aprender la tolerancia indispensable, tratando de aprender a no interrumpir al que me habla, tantos años sacudiéndome esa calidad de "hombre nuevo", 22 inviernos me ha dado el destino para que yo aprendiera también y a la dura, que estaba en país ajeno, para que aprendiera a respetar y a callar o a decir justo lo necesario (que es casi lo mismo) pero sigue la educación pues hay rezagos fuertes: me atraco de ajo con pan y aceite de oliva y los franceses no aprecian a la gente que hiede a ajo y como lo sé, me harto de ajo en particular cuanto tengo que ir a alguna reunión por mi trabajo. ¡Tengo que mejorarme, coño!, debo de eliminar esa tendencia a siempre querer molestar al prójimo aunque ya no llamo por teléfono más allá de las once de la noche….. Aquí afuera viví la matanza de Ochoa y de los otros y viví la transfomación profunda del pueblo cubano, esa transformación definitoria gracias a la cual se acabó el paripé para que cada uno fuera cura, chivato, patriota o balsero y recuerdo aquellas imágenes en la tele de muchos cubanos saliendo en balsas desde el mismísimo Malecón habanero. Ni un "¡autocritíquese compañero!" en estos 22 años y he ido libre por el mundo. Salgo de Francia, regreso y vuelvo a salir y lo único que Francia me dice es que me quiere y yo me le resisto gracias al ajo pero en el fondo de mi corazón mucho le debo a este país que ya es el mío. Cubano soberbio no da su brazo a torcer. Hoy, al cabo de tantos años, me siento libre y triste a la vez pues son también 22 años de tristeza al ver que mi Cuba ha perdido tanta energía, tanta bondad y tanto tiempo a manos de un régimen inquisidor y liberticida que por suerte se pudre ya como piltrafa en garfio de carnicería (pongo "carnicería" adrede y podría poner "matadero" si no se tiene en cuenta lo que en estos días varios miembros importantes de la oposición interna proponen). Gracias al destierro e independientement a la opción política he tenido el honor de conocer personalemente, entre tantos otros, a hombres de la estirpe del Comandante Huber Matos, Wilfredo Ventura, Ricardo Bofill, Ernesto Díaz o Gutiérrez Menoyo. 22 años no es nada, hombre, ¡arriba,
adelante!
Luis Tornés Aguililla |
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