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Un cubano en
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Auschwitz-Birkenau.
Parte suprema de la memoria colectiva de los hombres libres. En estos días se celebra el 60 aniversario de la liberación del campo nazi de exterminio Auschwitz-Birkenau ( Polonia ) pero paralelamente, en la actual Alemania democrática, doce diputados neofascistas del Partido Nacional Demócratico ( N.P.D) abandonaron la sesión del parlamento de Sajonia porque no deseaban asociarse al minuto de silencio que propuso observar su presidente Erich Iltgen. Sepa el amable lector que el parlamento de Sajonia se encuentra en territorio de la antigua y, para siempre difunta R.D.A y, sepa además, que el N.P.D obtuvo en esa región alemana casi 10 % de los votos del cuerpo electoral en las últimas elecciones regionales lo que de facto constituye la expresión vomitiva de una realidad. De una realidad y de 56 años seguidos vividos bajo dos dictaduras de 1933 a 1989. En efecto, hay mecanismos que desencadenan un comportamiento totalitario del Estado como antítesis de la libertad y poco importa el nombre, la época y la circunstancia. El totalitarismo es y será una anomalía del cuerpo social de la cual se ampara el aparato estatal y es también una enfermedad mental colectiva y siempre latente que debemos combatir los que vamos libres por el mundo. En Francia, en este mismo mes de enero de 2005, Jean-Marie Le Pen, presidente del muy fascista " Frente Nacional " dijo cínicamente a la prensa que " habría mucho que decir… " de la masacre de Oradour-sur-Glane ( centro de Francia) a manos de la división SS " Das Reich " dando así crédito a la tesis revisionista y negacionista de la ultraderecha europea la cual atenúa sistemáticamente el carácter criminal de la ocupación nazi en Francia de 1940 a 1945. Quepa recordar aquí que a Jean-Marie Le Pen le faltó poco para llegar a la presidencia de la también muy ilustre y culta República Francesa lo que evitó -a mi poco juicio – el principio de otra guerra civil abierta en Francia y quepa también aquí, invitar al amable lector a que preste atención especial a los resultados de la próxima elección presidencial en Francia en 2007. Con justificada insistencia el 25 de enero de 2005, el canciller alemán Gerhard Schröder prometió que Alemania estará a la altura de su obligación moral para que nunca sean olvidados los crímenes nazis. Insistencia necesaria como mensaje político para que la Historia no pueda vomitarnos otra vez el totalitarismo en este continente. Insistencia necesaria también para que los pueblos del mundo aún sometidos comprendan que más allá de la noche de la tiranía hay la luz de la libertad. Y ése, ha de ser el verdadero objetivo de la memoria, el de nunca permitir que se olvide el daño hecho, la separación de las familias, los fusilamientos, las deportaciones y el sacrificio injustificable del pueblo para satisfacer el ego de un tirano cruel. Cruel como Hitler, quien sólo obtuvo 36,8 % en la elecciones que lo llevaron al poder en 1933 lo que prueba que más allá del voto, un pueblo necesita una estructura moral que lo salve de caer en la tentación del mal absoluto el cual, en el caso de Alemania, todavía pagan las nuevas generaciones a pesar de Goethe, Schiller y todas las glorias germánicas que tanto aportaron a la cultura universal. Desgraciadamente es así, Alemania quedará ad vitam aeternam asociada también a la maldad criminal de un austríaco. Tenemos pues, la imperiosa necesidad de mantener intacto el recuerdo pero arropado en instituciones democráticas cuyos mecanismos jurídicos impidan, absolutamente a todo costo, el desliz etimológico, propagandístico y finalmente criminal. Con sobrada razón, el francés Louis-Antoine de Saint Just nos decía imprudentemente : " ninguna libertad para los enemigos de La Libertad ". Los niños y las mujeres inocentes asesinados en las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau son también nuestra forja porque inevitablemente ellos forman parte de la memoria colectiva de la humanidad.
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