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Un cubano en Francia
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por Luis Tornés Aguililla

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La contaminación natural

Dentro de pocos años los ciudadanos estadounidenses nacidos en Estados Unidos con, al menos un familiar cubano nacido en Cuba, se contarán por millones y ello implica potencialmente que la realidad cubana en EE.UU sea percibida por esos descendientes con un interés filial particular.

En el año 2000, la oficina del censo del "Departamento de Comercio U.S" estimaba que había en Estados Unidos algo más de un millón docientos mil cubanos con un poder adquisitivo que superaba ampliamente los veinticinco mil millones de dólares al año como prueba de que los cubanos que se han dado cita en EE.UU han logrado un importante nivel de integración económica y cultural en a penas medio siglo gracias también al concepto comunitario U.S el cual le permite al chino seguir siendo chino y al cubano seguir siendo cubano y ello, en el marco de un ideal individual que a fin de cuentas desemboca en un ideal común.

Pero……¿qué pasará en Cuba cuando una pequeña parte del millón docientos mil cubanos y sus descendientes que hoy residen en Estados Unidos puedan viajar libremente a la isla, poner un negocio y participar de alguna manera en la vida pública?

La respuesta que el futuro dé a esta pregunta cuando Cuba se convierta en un país en el que se respeten la libertades fundamentales es seguramente algo que aún no vemos pero que se nos viene encima como si fuera una ola gigantesca cuya dialéctica está actualmente en la etapa de maduración. La gente se dice que en estos tiempos de terror autocrático, de nada vale hablar con seriedad del futuro. ¡Hablar no pero pensar en el futuro sí!

Los cubanos de Cuba y, en primer lugar los de la atalaya del Santo Oficio, conocen perfectamente la potencialidad económica de la comunidad cubana en EE.UU y en muchos otros países del mundo y ya algunos sospechan -con mucha razón- que pronto, cuando Nerón muera, la historia decretará un cambio irrevocable.

Ya se observan las maniobras y los preposicionamientos de los arrepentidos de última hora y también de los eternos babosos del séquito que, discretamente, albergan en sus deshechos corazones la esperanza de cambiar de asno como hacen las moscas.

Nerón lo sabe, él sabe que ha perdido la batalla, él sabe que la ola gigante se tragará a los arrepentidos de última hora, a los generales, se tragará los odios, las pocas buenas cosas y todas las muchas malas y también se tragará a los que escriben obscenidades y luego se bombardean escritores de "la nouvelle vague, etc" y los chivatos y los amarillos en las carreteras también serán tragados porque sencillamente estaremos no ya ante un cambio de sistema violento sino ante una mutación fundamental la cual podrá ser observada hasta en el gesto más simple de cada día. El accidente histórico ya terminó y ahora sólo esperamos el momento propicio para vomitar la noticia al mundo. Nerón lo sabe y por eso, en perreta senil, encierra y fusila.

¡Yuma, yuma, yuma! es (se ve) el lema generalizado en buena parte de la juventud cubana y los responsables políticos que hoy están en la oposición o en la cárcel quizá ya estén imaginando la mejor manera de neutralizar ese fenómeno futuro cuyo primer (pero no el único) motor amplificador serán los centenares de miles de cubano-americanos que vendrán o pasarán por Cuba con la facilidad y el desenfado del que va al mercado. Creo sinceramente que esto sí es un reto grande para que el día de mañana el Nerón de ultratumba no logre chillarnos " ¡ Ahí tienen mi bomba de tiempo : conmigo serán cubanos pero "sinmigo ", yankis serán ! ". Quizá la iglesia católica tenga una posición prospectiva y de anticipación en torno a este asunto desagradable de la futura contaminación natural gracias a su experiencia de tantos siglos y al hecho de que tuvo que vérselas con el mismísimo Nerón, el de Roma.

En mi opinión, a fin de cuentas, al defender sus objetivos particulares, la iglesia católica cubana defiende la necesidad imperiosa de mantener en pie el andamio constitutivo de la nación cubana.

Un país es un territorio con una sociedad organizada en torno a un ideal común. ¡Ay del país que pierda alguno de esos dos parámetros! Una vez que tengamos un contexto democrático, si nosotros los cubanos no prestamos atención especial a la ola de fondo representada por la dinámica que automáticamente creará en Cuba la comunidad cubana fuera de la isla, se corre el riesgo vital, a más o menos corto plazo, de que Cuba entre en una fase de desintegración : primeramente en una fase de desintegración estética a través de la asimilación materializada por la atracción natural que siente el cubano de a pie por todo lo que viene de EE.UU, luego una asimilación cultural de facto ligada al idioma, a los productos domésticos cotidianos, a los centros de interés señalados intencionalmente por los medios de difusión masiva, todo ello, en medio de nuevas relaciones humanas y nuevos códigos sociales entre los individuos. Como segunda fase ofensiva podría venir (si no se le presta atención), una desintegración solapada pero fundamental y esta vez, arropada en el rechazo por parte de la gente y en particular de la juventud de todo comportamiento, institución o sistema de ideas que, de lejos o de cerca, pueda recordar el medio siglo que vivido bajo el yugo infame del totalitarismo. ¡Gracias por el regalito, Fidel!.

Toda esta opinión tan personal como hipotética, me recuerda que siendo niño, allá en mi querido Camagüey, me puse a mirar glotonamente un mango enorme y madurito que se balanceaba en lo más alto de la mata y sólo vine a comprender que el mango se había caído cuando golpeó mi frente. A buen entendedor…

Luis Tornés Aguililla
lta58@wanadoo.fr

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