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Un cubano en Francia
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por Luis Tornés Aguililla

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Qué es la
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Los cubanos no deseamos ser chinos

 Septiembre 2004.

 

Cuando uno se pone a observar las descomunales fuerzas que por el mundo se desgaznatan con la boca llena de ideas democráticas y vituosas, yo, pobre sordo, sólo logro escuchar un graznido estridente y temeroso de economistas-soldados gritando urbi et orbi lo maravillosa que es ahora la " República Popular " China .

Píos y tan abismados en la devoción van que, andan con los ojos en blanco aunque las malas lenguas dicen que andan así para no ver la cruel realidad del mundo, bueno pues así van los nuevos monjes del " sistema ", de luto discreto van ante la mitad de la humanidad que muere de SIDA, de hambre, de guerra y de olvido. Por algo Karl Wosman, un alemán amigo y sin ilusiones me decía un día " Luis, no podremos salvarnos todos….. " y ante tales palabras no me quedó otro remedio que el de pensar en aquello de…… " verso, o nos salvamos juntos o nos rompemos todos… ".

Así las cosas, los grandes clérigos del capital tienen un mensaje optimista para los más de mil millones de chinos :
 ¡Chinos y chinitas quedaos allí en vuestra tierra pues gente como vosotros más vale que no os desparraméis por el mundo !.

Y el ruego va arropado en la promesa de hacerse el de la vista gorda en lo que toca a los fusilamientos masivos con viso surrealista, sí porque en China, " el Partido " factura a la familia del fusilado la bala que gasta en matar.

Y anótese, con perdón de " la secta ronera " -no pongo el verdadero nombre de la secta para que cuando venga el cambio en Cuba no me arrastren por blasfemo ante la Santa Audiencia - anótese que en honor a la verdad, Fidel Castro siempre habrá recuperado el costo de las balas gastadas en matar de modo más elegante, lo de él es al por mayor.

China, con su partido único, con sus miles de disidentes presos, con la corrupción generalizada y el desarrollo exponencial de su capacidad militar tanto en lo técnico como en lo doctrinal, no parece tener absolutamente ninguna importancia para los Grandes Gerentes del universo.

Un país tan grande como China importa mucho comercialmente y dicha importancia se adorna de un faraónico pañal cuando los titiriteros de Wall Street y anexas imaginan espantados lo que ocurriría si esos mismos chinos se mandan a correr por el mundo pero envueltos esta vez en la bandera de la " Libertad-total-que-tanto-queríamos-y-que-ya-tenemos ".

" ¿ La Libertad de los chinos ? " -pregunta Bob- , " bueno, un poquito y ya porque bien sabes lo que podría pasar… " - agrega Bob en el mismo momento en que su línea se tensa y silba – (A Bob le encanta la pesca en el Golfo y siempre frente a Cuba ).

Pero hablando en serio, los cubanos podríamos considerar con la más aplicada atención el hecho de que los Estados Unidos de América conceda a la República Popular China, la cual forma parte ahora y seguramente para siempre de la Organización Mundial del Comercio (O.M.C), el estatus permanente de " Nación más favorecida… " y ello, a pesar de que sea China la causa principal del actual déficit comercial global de Estados Unidos cuyo monto alcanza ya los cincuenta y seis mil millones de dólares. ¡Más claro, ni el agua del río Almendares !, es decir que los derechos humanos, la libertad y las otras cosas lindas de este mundo parecen ser categorías relativas.

En los años que puedan venir ( a menos que se acabe el mundo después de los funerales del Adelantado ) es poco probable que nosotros los cubanos seamos una nación de mil millones de individuos, también es casi imposible que desarrollemos, como los chinos, ese amor desmedido por el trabajo bien hecho o…. simplemente por el trabajo y como además, está científicamente probado gracias al evangelio según Afanasiev de que la pachanga nos es un estado casi genéticamente inherente y pocas veces atenuado pues ninguno de los cambiadores geniales se embulla en eso de vérselas con esos cubanos fuera de control.

¡ No, qué va ! - dice Bob - con esa gente de Cuba hace falta un controlador, un jefe de finca, un Oidor, un Adelantado Mayor. Pónganle un uniforme sui géneris, una barba o lo que sea pero ¡ por Dios !, lo que nos interesa a nosotros es que los beneficios implícitos del Tratado de París (diciembre de 1898) se apliquen aunque sea tres siglos más tarde, poco importa, pues bien sabéis que el dinero no conoce de almanaques. (aquí, risas pues es broma, claro).

¿Qué peso específico tenemos nosotros los cubanos en el contexto actual ? Puesta aparte nuestra muy relativa influencia electoral en EE.UU, nosotros no representamos ni siquiera un verdadero problema para los Grandes Gerentes pues éstos tienen por el momento la certeza de que bajo el control insuperable del Comandante en Jefe, la encomienda cubana se encuentra a buen recaudo.

El largo de la cadena del mono ofrecida al Encomendero Mayor para que éste juegue incluye la posibilidad de meter preso en Cuba a todo poeta, intelectual o disidente quienes potencialmente en caso de un cambio grande tendrán la tendencia atávica de tenerle lástima a los negros y a los pobres, también el largo de la cadena incluye la posibilidad de fusilar siervos y fieles (pienso aquí en el general Ochoa y sus compañeros de infortunio) y de tumbar aviones civiles pero uno o dos, no más…

Sumemos a todas estas cosas estratosféricas el hecho de que en Cuba hay intereses particulares a largo plazo y hablo aquí de la iglesia católica y de las otras iglesias, hablo también de la Unión Europea con sus mecanismos de : " OK, digo lo menos posible sobre lo que pasa en Cuba pero si me compras tal sistema de comunicaciones o si me compras un par de aviones más y si me dejas penetrar tal o tal mercado ", sumemos la falta de perspectiva para la juventud cubana, la falta de ánimo en la gente a causa del condicionamiento provocado por la precaridad y obtenemos el dramático cuadro actual de mi pequeño y engañado país.

Lo realmente inaceptable en la posición del gobierno cubano radica en que éste sabe perfectamente de los profundos cambios económicos y financieros a nivel mundial y también conoce perfectamente las incidencias fatales que ello trae para su estructura y funcionamiento dictatorial porque dichos cambios lo empujan cada vez más a arrinconarse como gato agredido con sus manías de vejete decrépito y sus ritos anacrónicos.

El gobierno cubano mantiene un derrotero cuyo único objetivo es, hoy por hoy, salvar de sus responsabilidades históricas a un grupo de individuos y ello, aunque el país se consuma en un caos económico y social sin precedentes desde 1868.

Los que maniobran tan alevosamente en nuestro país saben desde hace rato que el proyecto de transculturación que ellos mismos pusieron en marcha en la década del 70 fracasó lamentablemente porque la dialéctica del cuerpo social cubano secreta automáticamente su propio antídoto neutralizante y ¡ de resignado nada !, lo que pasa es que los cubanos que están en Cuba saben muy bien de qué es capaz el gobierno de Fidel Castro.

De ahí se desprende la necesidad imperiosa de no cejar en lo que cada cubano considere su deber para lograr, quizá pronto, un espacio que nos permita algún día quitarnos de encima el cepo y el bozal del curro. Es el pueblo en los barrios, en las universidades, en los campos y en la calle el que manda en esa isla.

En fin de cuentas, el gobierno y su Encomendero Mayor le tienen terror a la pujanza popular gracias a la cual exclusivamente habrá en Cuba un cambio hacia un contexto democrático. En efecto, si los que están en el poder sienten que los cubanos se enfadan entonces en el acto se vuelven mansos y sueltan presos y se tornan civilizados.

No deseamos ser chinos como no quisimos ser españoles ni rusos porque pertenecemos para siempre a un entorno cultural irreprimible a pesar del paripé que cada uno de nosotros haya hecho o esté haciendo para salvar un puesto de trabajo, un interés personal o familiar. La Banda Armada también lo sabe y daría (puesto aparte un grupo reducido de desesperados en ascuas), daría caro por ponerle el cascabel al gato.

 

Ni rusos ni chinos, sencillamente cubanos pero libres.

 

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