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Un cubano en Francia
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por Luis Tornés Aguililla

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Fin de año 2004.

El campesino que no hablaba mi idioma

Ya se nos viene encima el año 2005 y ayer hacía un frío grande en el norte de Francia, el invierno se instala, se acomoda en nuestras vidas, obligándonos a que tengamos gestos de gente de aquí, nos obliga a ponernos botas y abrigos forrados, bufanda y sombrero. Antes de salir a la calle, 10 minutos para abrigarse y cuando se regresa a casa, otros 10 minutos para deshacernos de la trapería.

Ayer, a pesar del frío, por pura soberbia, ensillé mi yegua Vilma y a paso tranquilo pusimos rumbo a la frontera belga por bosques y trillos ya recorridos muchas veces de día como de noche en esta región francesa que seguramente es para muchos ( para mí no ) la parte más triste del territorio galo.

Mientras me envolvía por un segundo el vapor de la respiración de mi yegua, cada impacto de sus cascos contra la escarcha que cubría el suelo producía un sonido irreal, algo así como " scrach, scrach, scrach ". Todo estaba congelado, la tierra, la hierba y hasta los árboles.

Ayer fue una de esas mañanas sin nubes y sin brisa en la que nada se mueve, como si lo que uno miraba fuera una fotografía.

A las dos horas de estar andando me encontraba al norte del poblado de Marle, pueblo éste que es el límite geográfico que siempre impongo en mis paseos pero no sé por qué, esta vez me dio por seguir y me adentré en un bosque por una especie de guardarraya en cuyo final vi que se parqueó una camioneta azul.

Pensé que se trataba de algún cazador o de algún admirador de mi yegua la cual siempre llama la atención de la gente con su paso altanero y su revoloteo cosa que a mí – simple mortal tropical dado a la supercialidad de las apariencias - me pone orgulloso. Vilma tiene mucha sangre y es cierto que montado en ella cualquier cretino parece, por lo menos, general de brigada.

Estoy a unos pocos metros del supuesto cazador cuando éste sale de su camioneta y mientras más me le acerco más comprendo de que está disgustado pero ayer por la mañana quise ir más allá de Marle y además, estaba yo con ánimo jodedor, así que este señor no podría detenerme.

Al verlo con su cara de malo me dije " ay, si me dice algo, me voy a despachar ".

El hombre, en su buen derecho, se plantó en medio del trillo delante de mí con la mano en alto como hacen los guardias en un retén para detener a la gente aunque yo lo asocié con el saludo de Adolfo y eso sí que me encabronó de verdad y decidí que este señor aprendería castellano allí mismo.

Sin hablarle pero siempre mirándole a los ojos, cosa indispensable aquí, detuve a Vilma. Un metro, a la derecha de la yegua había una cerca de cinco pelos y a dos o tres metros a la izquierda había un bosque impenetrable de zarzas y abedules.

No sé lo que me pasó por la cabeza pero el caso es que al ver que el hombre aquel me ponía mala cara estando sin arma, sin perro y en medio del monte, me pregunté cómo era posible que aquel señor pretendiera detener a Vilma con su carga infame.

Todavía con el brazo derecho estirado me dice levantándome la voz " ¡ Usted no puede pasar por aquí ! " y yo, mirando a lo lejos, seguro de que él no me comprendería le pregunté en castellano con tono amable "¿ y su señora madre por estos lares podría pasar ? ".

Su sorpresa fue total, el hombre dio tres pasos atrás como si hubiese visto a un marciano y sin darse cuenta me abrió paso.

Espoleé a Vilma por el flanco que él no podía ver y la yegua dio un tirón hacia adelante que dejó al guacho a dos metros detrás de sus ancas. La detuve, me puse otra vez de frente y ya el hombre tenía la cara roja de rabia.

Esta vez me gritó con un fuerte acento de esta región que yo no podía pasar( se le fue la musa de fino y se le salió el acento del norte que es feo con cará ), que yo estaba en una propiedad privada y que llamaría a la gendarmería y le respondí otra vez en castellano " ¿ cómo carajo podrá detenerme ? " y ahí sí que se puso furioso, convencido de que yo no entendía lo que él decía ( que sí lo entendía pues comprendo bastante el idioma francés ).

Mi cara de árabe, mi manera poco académica de montar y las cosas que le dije en " una lengua que no es de aquí " lo sacaron de sus cabales. (quién lo manda a detenerme )

Otra vez se me acercó colorado como un mango bizcochuelo diciendo horrores contra los extranjeros – y yo, seguro de que Vilma me garantizaba cierta impunidad, con un ojo puesto en el franchute y otro en la lejanía – le respondí - "  Nace el mono y al nacer, pinta dos mil monerías ".

Hay que decir -hablando seriamente- que a pesar de mi maldad y choteo aquel hombre nunca hizo siquiera amago de echarle mano a la brida, lo que deja ver el respeto que le tienen los franceses a lo ajeno.

Aquello fue una situación surrealista que duró a penas tres minutos pues cuando nuestro amigo comprendió de que yo no lo entendía, me dio la espalda, se metió en su camioneta azul y salió como un ciclón diciendo barbaridades y seguramente convencido de que Francia, la República y el vino tinto estaban perdidos para siempre.

Hoy, a las 7 de la mañana vino la Gendarmería Nacional a casa. Por suerte yo estaba solo. Mi familia no sabe nada. El oficial me conoce pues también tiene una yegua (un penco) y en cierto modo pertenecemos a la misma cofradía.

La descripción hecha de mí por el guajiro fue suficiente para identificarme pero….. " por haber sido la primera vez, la cosa se quedará ahí " y yo agrego que también porque no había testigo y porque Vilma no es chivata ……

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