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La cigüeña de Alcalá
(Este texto va dedicado al "grupo Alcalá"*) Yo no sabía que decenas de cigüeñas hacían sus nidos en los campanarios de la ciudad española de Alcalá de Henares. Allí, a dos pasos de Madrid, pero no tardé en saberlo a esos de las 6 de la mañana del 24 de agosto de este otro año sin gracia**. A las siete de la mañana nos habíamos dado cita en la Plaza de la Bernardas un grupo de cubanos para visitar juntos y bien temprano el casco histórico de Alcalá. Nos dijimos la víspera, en alevosa reunión, que era necesario evitar la algarabía matutina que tienen los pueblos de España pero como yo sé que los cubanos en banda no podemos dejar de tener nuestra algarabía propia, me les adelanté y a las 6 de la mañana me fui solo para el pueblo a caminar por las calles. Primero me paré en la esquina de la plaza, pasaron dos monjas viejitas y arrugadas como dos higos, les di los buenos días y ni me respondieron, acto seguido pasó lentamente una patrulla de policías en un carro, me calaron y yo haciéndome el sueco con la cámara fotográfica en las manos pero siguieron de largo - será que ya tengo pinta de viejo o que se me ha quitao la facha de moro -, el caso es que ni chistaron los guardias. De momento, en la penumbra morada del día que va a despuntar, me intrigó un chasquido seco como de tablas que se entrechocan y di algunos pasos hacia el centro de la plaza de las Bernardas, levanté la vista al cielo con gesto de converso pío en busca de un segundo bautizo y en una fracción de segundo comprendí que un enorme objeto volante no identificado estaba en condiciones de acabar con mi vida y por puro reflejo le opuse mi antebrazo izquierdo a modo de escudo y al mismo tiempo que me agachaba en un "sálvese-quien-pueda-mi-general" buscando algún escape a tan inédito ataque contra mi persona. ¡Era una cigüeña! En el acto reparé en lo ocurrido porque mi calidad de cagado tomó cuerpo en un santiamén ya que aquella puñetera cigüeña que parecía tener una puntería anal acoplada a un colimador electrónico me bombardeo un chorro de excremento preciso y vejador que me iba de la cabeza a las botas. Y yo que había sacado mi reloj y mi ropa de salir. ¡Allí mismo bajé bandera!. Por suerte, la plaza y las calles aledañas seguían vacías. Ya el día despuntaba. El hedor era insoportable y después de hacer una espátula con mi pasaporte francés para quitarme lo más grueso del excremento atiné a ver una fuente de agua clara a menos de una cuadra, allí me quité la camisa, y me limpié como pude y me acordé de todos los consejos de modestia que dan los viejos. Cagóme la cigüeña de Alcalá para mengua de mi soberbia y ojalá que, los aún no cagados, puedan a tan bajo costo recibir esa inestimable lección de la naturaleza. Los cubanos nunca fueron a la cita, se quedaron durmiendo y cierto es que… "o no llegan o se pasan". Yo, me fui lo más rápido que me fue posible a casa de la señora que me hospedaba. *El "Grupo Alcalá" es un grupúsculo de cubanos ciegos del cual yo, tuerto, soy jefe. ** Ningún año fuera de Cuba tiene gracia.
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